©Ignacio Bravo Reyes
Su cuerpo es algo mas que simples poros
por los que mi cuerpo grita y llora
una lágrima de dolor, de angustia, de amor,
de odio, de rabia, de impotencia y de un potencial
que se encuentra guardado en el interior de este cuerpo
que no quiere ser mas una mitad, sino unirse con su otro yo.
Más aun, ese dolor no es el único,
Dolor mas grande que no poder ver lo luceros preciosos
Y beber de ese sabroso manjar que puede dejar un beso
Y de esa suavidad que deja tan solo una seda tan fina
Que proviene desde el olimpo en forma de cuerpo de mujer
Más, hace tiempo que el tiempo nos regala tiempo
Y para nosotros ese tiempo es más que simple tiempo
Es una tortura que llevamos con convicción,
Que llevamos con la idea de alcanzar esa meta de la perfección terrenal
La perfección más alta que se puede lograr en este mundo
Ni los dioses pueden hacer frente a este fuego que
Al ser tan humilde, pero inextinguible
Que ni el mar entero puede consumirlo, que ni las nieves mas puras puede
apagar su pureza
Tan pequeño como el fuego de un fósforo
Pero tan ardiente como el fuego de mil supernovas
Siento soledad, ni el frío de la noche le hace guerra a esta sensación,
Pero te evoco a ti, tan celestial,
Mi ángel hermoso, mi mujer perfecta,
Y estas en mis pensamientos;
Y no solo te haces presente en mi mente,
También esa evocación se convierte en invocación
Porque te haces presente aquí, porque puedo sentir tu respiración y tu calor,
Y aun me quedan el sabor de tus dulces y acalorados besos